Después de más de una década sin un juego principal de Donkey Kong, Nintendo decidió que el primer gran plataformas 3D de su nueva consola no sería de Mario. Fue una apuesta atrevida. Y salió bien.
Una historia sencilla con mucho corazón
Donkey Kong Bananza arranca con una premisa directa: un grupo de macacos villanos roba los Cristales de Banândio, reliquias con forma de banana. DK y Pauline se lanzan a recuperarlos en una aventura que los lleva hacia el núcleo del planeta, capa por capa. La narrativa es ligera y nunca pretende ser más de lo que es. Pauline quiere volver a casa; DK quiere sus bananas. A partir de esa dupla carismática, el juego construye momentos de humor genuino y una dinámica entre los dos personajes que crece de forma orgánica a lo largo de las casi 20 horas de campaña principal.
No se trata de un guión elaborado, pero tampoco lo necesita. Bananza usa su historia como pretexto para presentar cada nueva capa subterránea como un mundo temático distinto, con su propia identidad visual y sus propios personajes secundarios. El resultado es una aventura que se siente cohesionada sin volverse pesada.
Destrucción como mecánica central
El corazón del juego está en su mecánica de destrucción ambiental. Casi todo el escenario puede ser demolido: paredes, pisos, columnas, montañas enteras. DK escava túneles con los puños, derriba estructuras y abre caminos nuevos en tiempo real. Esto no es solo un efecto visual. La destrucción es la base del diseño de niveles: para encontrar coleccionables, resolver rompecabezas o simplemente avanzar, el jugador necesita pensar cómo usar la fuerza bruta de forma estratégica.
La tecnología voxel que hace posible este sistema es uno de los grandes logros técnicos del título. Cuando un objeto se destruye, se fragmenta en una nube de partículas que se ve tan bien como se siente. La físca del entorno responde de manera convincente, y eso convierte cada sección en un pequeño patio de juegos donde siempre hay algo nuevo por descubrir debajo de la superficie.
Transformaciones y variedad de gameplay
El juego introduce las llamadas transformaciones “Bananza”, en las que DK adopta la forma de distintos animales con habilidades únicas. Cada transformación cambia por completo la forma de moverse y atacar, añadiendo variedad al núcleo de gameplay sin romper su ritmo. Estas formas se integran de manera natural con los rompecabezas de cada zona, de modo que el jugador siempre tiene un motivo para experimentar con ellas.
La campaña está estructurada en 17 capas temáticas, desde cavernas de lava hasta ruinas antiguas. El diseño de cada capa tiene identidad propia, con mecánicas introducidas gradualmente que se vuelven más complejas conforme se avanza. No hay dos zonas que se sientan iguales, y eso mantiene la experiencia fresca desde el principio hasta los créditos. Además, el juego también tiene secciones en 2D que combinan perspectivas de forma especialmente bien ejecutada.
Apartado visual y sonoro
Desde el punto de vista técnico, Donkey Kong Bananza es el juego visualmente más avanzado que Nintendo ha lanzado hasta la fecha. Algunos análisis lo comparan directamente con Astro Bot en PS5, un logro notable considerando que el Switch 2 es una consola híbrida portátil. Los escenarios son amplios, coloridos y llenos de detalle. La destrucción de materiales, los efectos de partículas y la iluminación funcionan en conjunto para crear una presentación visualmente sólida en prácticamente todo el juego.
La banda sonora mezcla ritmos tribales y piezas nostálgicas que evocan la historia de la franquicia sin quedarse atrapada en ella. El juego llega con doblaje completo en español y en portugués brasileño, con una actuación de voz de calidad notable para el estándar habitual de los juegos de Nintendo.
Dificultad y curva de aprendizaje
La curva de dificultad es accesible para el público general. El juego comienza de forma gentil y escala progresivamente hacia la segunda mitad, donde los rompecabezas y los enfrentamientos con jefes se vuelven más exigentes. No es un juego que castigue al jugador, pero tampoco carece de momentos que requieren pensar. Para quienes buscan un desafío mayor, los coleccionables y los objetivos secundarios ofrecen un nivel de dificultad adicional que puede extender la experiencia bastante más allá de la campaña principal.
Algunos tropiezos técnicos
El rendimiento del juego es sólido en la mayor parte del tiempo, pero no está exento de problemas. Durante combates con muchos enemigos en pantalla, la tasa de cuadros por segundo puede caer de forma perceptible. La batalla final, en particular, presenta las caídas más notorias de todo el título. Además, la cámara puede volverse un obstáculo en ciertos tramos, especialmente en espacios cerrados. Son problemas menores que no arruinan la experiencia, pero resultan llamativos en un juego de este calibre.
Por otro lado, algunos críticos señalan que la estructura del juego muestra cierto desgaste hacia el final, con secciones que no alcanzan el mismo nivel de inventiva que las primeras horas.
Un hito para la franquicia
Donkey Kong Bananza hace por DK lo que Super Mario 64 hizo por Mario en su momento: le da una identidad tridimensional sólida, una mecánica que lo define y un juego a la altura de su legado. Producido por el mismo equipo detrás de Super Mario Odyssey, el título demuestra que Nintendo sabe cómo reinventar a sus íconos sin perder lo que los hace memorables. Con más de 20 horas de campaña, diseño de niveles de referencia y una mecánica de destrucción que no pierde atractivo, es uno de los lanzamientos más completos de la Nintendo Switch 2 en 2025.