DOOM: The Dark Ages, la precuela desarrollada por id Software y publicada por Bethesda Softworks, aterrizó el 15 de mayo de 2025 en PC, PlayStation 5 y Xbox Series X/S, con disponibilidad inmediata en Xbox Game Pass. Lanzado tras una campaña de hype iniciada en junio de 2024, este título no solo revive la esencia brutal de la saga original de 1993 —que revolucionó los FPS con su velocidad endiablada en la era Doomguy—, sino que la reinventa con un enfoque medieval sci-fi que prioriza la estrategia cuerpo a cuerpo. Como periodista con 20 años cubriendo la industria, desde los pasillos infernales de Quake hasta el frenesí acrobático de DOOM Eternal (2020), puedo confirmar que The Dark Ages es un giro audaz: menos saltos imposibles, más parrys letales.
En el núcleo de la experiencia está el Shield Saw, un escudo motorizado que transforma el combate. Bloquea ataques rojos hasta agotar su energía, refleja proyectiles verdes para contraatacar y se lanza como un disco decapitante contra enemigos menores. Este gadget fomenta un estilo más táctico: embestidas para cerrar distancias, parrys accesibles con ventana generosa y melee que restaura munición, reemplazando en parte los glory kills de entregas previas. Por otro lado, el arsenal se divide en versiones básicas y potentes —escopeta vs. superescopeta, lanzacohetes vs. lanzagranadas—, ya que el escudo ocupa el slot secundario, obligando a swaps rápidos en hordas masivas. Cabe destacar las novedades como el Pulverizer (lanza fragmentos óseos) o el Chainshot (bola y cadena), que mantienen fresco el gunplay clásico.
Sin embargo, el verdadero cambio radica en el movimiento y diseño de niveles. Adiós al dash aéreo y doble salto de Eternal; aquí el Slayer es más pesado, anclado a un mundo de castillos colosales y paisajes lovecraftianos, con 22 capítulos semiabiertos que invitan a exploración no lineal y secretos. Secciones en mecha (Atlan) y dragón añaden espectáculo —batallas épicas contra titanes—, pero resultan repetitivas para algunos críticos, diluyendo el ritmo frenético. En este contexto, la campaña solo para un jugador dura 15-20 horas en principal, extendiéndose a 30+ con coleccionables, sin multijugador para enfocarse en una narrativa pulida: una precuela que explora orígenes del Slayer con cinemáticas abundantes y aliados humanos, un salto cualitativo desde el lore fragmentado de 2016.
Visual y auditivamente, id Tech 8 brilla en PC con path tracing y luces ultrarrealistas, aunque consolas sufren texturas tardías y 60 fps estables pero menos detallados. La banda sonora heavy metal de Mick Gordon eleva las masacres, pese a mezclas sonoras criticadas. A raíz de esto, las reseñas promedian 83 en Metacritic (69 críticos), con alabanzas a la variedad enemiga (imps medievales, mancubi blindados) y profundidad estratégica, pero quejas por ritmo “más lento” y secciones vehiculares.
Comparado con predecesores, The Dark Ages sacrifica la verticalidad de Eternal por batallas grounded, evocando el caos bullet-hell de Doom 2016 pero con identidad propia: un DOOM “diferente”, como dice id, que divide fans puristas pero conquista por innovación. Plataformas optimizadas (salvo ports iniciales en PS5) y upgrades persistentes motivan el 100%.
En resumen, DOOM: The Dark Ages no busca superar Eternal en velocidad, sino blindar la saga con un combate visceral y épico. Un must para devoradores de demonios en una era de shooters genéricos. Calificación: 9/10.
