
Análisis de Tides of Tomorrow
Tides of Tomorrow es el experimento narrativo más audaz que Digixart ha intentado hasta ahora, y en gran medida lo consigue. El estudio detrás de Road 96 llegó el 22 de abril de 2026 con una aventura de ciencia ficción en primera persona que plantea una pregunta que pocos videojuegos se han atrevido a formular: ¿qué pasaría si tus decisiones no solo afectaran tu historia, sino también la del jugador que venga después de ti? La respuesta tiene sus límites, pero también sus momentos de genuina originalidad.
Un mundo ahogado en plástico
La historia de Tides of Tomorrow transcurre en un futuro donde la contaminación plástica elevó el nivel del mar hasta borrar casi por completo el mundo conocido. Lo poco que queda de la civilización son plataformas petrolíferas abandonadas, islas construidas con basura y chatarra, y enormes manchas de residuos flotando en un océano que ya no reconoce a la humanidad como su dueña.
El jugador encarna a un Tidewalker, un ser humano con una habilidad singular: la capacidad de compartir visiones con otros de su misma condición. Esta cualidad no es solo un recurso narrativo; es la base mecánica sobre la que se construye toda la experiencia. La plastemia, una enfermedad derivada de la contaminación, obliga a los Tidewalkers a buscar constantemente el ozen, un recurso escaso que actúa como moneda de supervivencia y que se convierte en el eje de muchas de las decisiones morales del juego.
Los personajes secundarios tienen suficiente peso para sostener la narrativa. Nahe, quien rescata al protagonista al inicio del juego, establece las reglas del mundo con naturalidad. Voot, líder espiritual de los Místicos, añade una dimensión de poder y ambigüedad que el juego exploita bien en sus tramos finales.
El sistema Tidewalker: la apuesta central
La mecánica que define a Tides of Tomorrow es su sistema de conexión asincrónica entre jugadores. Al comenzar la partida, el jugador elige a otra persona real para “seguir”, creando un vínculo narrativo con alguien que ya completó o está completando la misma aventura. A lo largo del recorrido, al presionar el gatillo izquierdo en ciertos puntos del escenario, es posible ver visiones de ese otro jugador: sus acciones, sus elecciones de diálogo, las consecuencias de sus decisiones.
Lo que hace que el sistema funcione es que no se trata de realidades separadas. El jugador seguido realmente estuvo en ese mundo, y los personajes del juego lo recuerdan y reaccionan a sus elecciones anteriores. Esto transforma cada partida en algo difícilmente replicable: dependiendo de quién se elija seguir, el camino puede ser más fácil o más complicado, con puertas abiertas o cerradas, aliados disponibles o enemigos ya alertados.
Sin embargo, el sistema tiene una fisura evidente que varios análisis señalaron con claridad: el peso de las decisiones recae de manera desigual. Con frecuencia, las elecciones del jugador anterior tienen un impacto más perceptible en la partida propia que las propias acciones sobre la experiencia del jugador que vendrá después. La balanza entre influenciar y ser influenciado no siempre está bien calibrada, y eso genera una sensación de reactividad que en ocasiones desplaza al jugador del centro de su propia historia.
Decisiones con consecuencias reales
Las escenas de toma de decisiones son el mejor momento del juego. Digixart las construye con suficiente contexto narrativo para que ninguna elección se sienta arbitraria, y el recurso del ozen añade una presión concreta: ¿dejas provisiones para el próximo Tidewalker que pase por aquí, o las guardas todas para sobrevivir tú?
Estas preguntas son donde Tides of Tomorrow suena con más claridad. No son dilemas filosóficos abstractos, sino decisiones que tienen consecuencias visibles y que el juego registra con honestidad. El problema es que el diseño de los escenarios, construidos como islas cerradas con opciones predefinidas, limita el espacio de lo posible. Cada área tiene rutas y personajes disponibles muy específicos, lo que contradice ligeramente la promesa de una historia moldeada por los jugadores.
Exploración y combate
La navegación entre asentamientos se realiza en barco, y hay tramos de exploración en primera persona dentro de cada isla. El juego no es un mundo abierto: las rutas son relativamente lineales, con espacio para curiosear los bordes del escenario y recoger chatarra que funciona como moneda. La exploración tiene un ritmo apacible que acompaña bien el tono reflexivo de la narrativa, aunque en los tramos intermedios puede sentirse algo repetitiva.
El combate naval está presente en determinados momentos y es mecánicamente simple: apuntar, esquivar proyectiles y destruir embarcaciones enemigas. No pretende ser el centro del diseño, pero cumple su función como variación de ritmo dentro de la aventura. Los “eventos del océano”, encuentros más dinámicos que aparecen en momentos clave, son los instantes donde el combate muestra su mejor versión.
Apartado visual y técnico
Visualmente, Tides of Tomorrow construye una paleta brillante y vibrante que resulta extrañamente hermosa en su desolación. Los asentamientos tienen una arquitectura ingeniosa y colorida, mientras que el océano está cubierto por extensas islas de residuos plásticos y los restos de un mundo que se destruyó a sí mismo. La banda sonora mezcla metal, techno y drum and bass con una coherencia sorprendente, y en los momentos más intensos de la narrativa eleva la experiencia con eficacia.
En el apartado técnico hay algunas irregularidades. Se registraron caídas de framerate, clipping de personajes y animaciones que no se ejecutan correctamente en determinados momentos. Nada que interrumpa la experiencia de manera grave, pero sí señales de que el juego salió con un pulido incompleto. Además, las funcionalidades específicas del hardware no se aprovechan todo lo posible: los gatillos adaptativos y el feedback háptico tienen presencia mínima, lo que resulta una oportunidad desaprovechada.
Un experimento que deja algo pendiente
Con una duración de entre 10 y 15 horas y sin opción de Nueva Partida+, Tides of Tomorrow cierra con la sensación de que su sistema más interesante todavía no alcanzó su forma definitiva. La ausencia de herramientas para explorar todas las ramificaciones posibles una vez completada la campaña es una limitación real en un juego cuya principal promesa es la variedad de experiencias.
Metacritic recoge 75 puntos sobre 100 con 18 reseñas de prensa, lo que refleja bien la naturaleza del juego: un título que genera admiración por su originalidad pero también reservas sobre su ejecución. Para los jugadores que disfrutan de aventuras narrativas y están dispuestos a abrazar lo experimental, Tides of Tomorrow ofrece algo que difícilmente encontrarán en otro lugar.




